Reflexiones

San Mateo

mateoEs el día de San Mateo y parece una fiesta que pasa desapercibida entre el ajetreo de septiembre, pero que sin duda, orienta el camino para el creyente y seguidor de Jesús.

Las primeras palabras que me brotan en el corazón al recibir esta fiesta son Seguimiento y Misericordia. Cuando me detengo en ellas y fijo mi mirada en Mateo, que puede llevar mi nombre o el de cualquiera de vosotros, ya recibo una certeza: Mateo había oído hablar de Jesús previamente y cuando recibe su propuesta, se le regala reconocer lo escuchado y quedarse prendado de aquel que le dice: sígueme.

Con Dios pasan estas cosas, su pedagogía creo que es tan sabia porque ¡respeta tanto nuestro ser personas! Y a todos nos pasa que cuando hemos oído hablar de alguien que levanta preguntas, que cura, que es cercano, que mira profundamente… sin duda genera en nosotros el deseo de conocerlo.

Jesús en el momento en el que se encuentra con Mateo es un hombre conocido ya en el entorno, ya se habla de “ese profeta” que habla con autoridad, que serena los vientos, que cura a los enfermos… Quizás, lo que nunca se esperaba Mateo era que este Jesús Profeta acudiera a su mesa de recaudo y le dijera:”sígueme”. Ahí se presenta la otra cara de estas maneras de Dios: podemos conocerlo de oídas y saber mucho sobre Él, pero siempre nos ofrece el contacto personal, la propuesta de estar con Él.

Hay otro detalle que me resuena especialmente, la invitación a la Misericordia. Dios aprovecha siempre su propuesta y nuestro consentimiento para ofrecernos las actitudes de su corazón. Jesús, una vez que ha llamado a Mateo y éste se ha levantado y se ha ido con Él, ya no deja de ofrecerse y de darse, y en este caso lo hace explicando una actitud clave del Padre: la Misericordia. Es una actitud preciosa para la vida y para relacionarse con el Dios de Jesús.

Entender la vida en clave de misericordia nos hace acercarnos al otro sin exigencia, sin miradas despreciantes… nos permite entregar miradas que embellezcan y, por tanto, vivir a los otros como fuente de oportunidad y no como cajón de defectos o máquinas que explotar.

Por otro lado, entender desde la misericordia a Dios es acercar a Dios a nuestra vida y dejar que nos quiera. Soltar esa imagen que a veces se cuela del Dios orden, pedigüeño e impasible, y acoger al Dios que se desvela por amarnos y que siempre nos mira como posibilidad.

¡Qué importante es esta fiesta acogiendo las claves del Evangelio! ¡Qué oportunidad nos ofrece una vez más la Palabra! Qué alegría que Dios nos ofrezca estas claves para entonar el curso, desde la propuesta, el encuentro, la misericordia y el amor. Ojala vuestros proyectos tengan este color de vida y os dejen respirar y caminar a su lado. Ojala su mirada os deje prendados como a Mateo.

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