Actividades Pastoral

Experiencia del voluntariado Pándano

Gracias a La Gaceta de Salamanca, os dejamos el artículo que han hecho sobre el voluntariado Pándano, gracias a todos los que formáis parte de ello.

La primera mirada a ‘los invisibles’

Nueve adolescentes de entre 14 y 16 años recorren la ciudad en su primera experiencia de voluntariado para enfrentarse con la realidad y ofrecer caldo y café a personas sin hogar.

A.B. | SALAMANCA

DESCUBRIR a la persona que se encuentra más allá de los prejuicios. Superar la indiferencia que convierte a las personas sin hogar en ‘los invisibles’ de las calles salmantinas. Escuchar. Con estas arriesgadas premisas un grupo de nueve adolescentes de entre 14 y 16 años recorrieron las calles por primera vez dentro del proyecto ‘Pándano’ puesto en marcha por las religiosas de los Sagrados Corazones con el fin de ofrecer café, caldo, mantas y escucha a los conocidos como ‘sin techo’. Llegar a los ‘rincones muertos’ donde las ayudas sociales no llegan pero sí el calor de la conversación cómplice.

Ilusión e incertidumbre eran los primeros sentimientos que se pasaban por la cabeza de estos jóvenes que optaron por un plan diferente para una tarde de sábado. Calentar el café y el caldo y preparar los bocadillos de nocilla era la primera parada de una experiencia inolvidable para luchar contra los prejuicios. “Siempre había tenido esta espinita y quería conocer la realidad que de verdad tenemos de frente”, explicaba Alejandro, uno de los primeros jóvenes.

Miriam Ozcoidi y Noemí García, religiosas de los Sagrados Corazones son las guías por las calles de Salamanca en una tarde en la que superadas las seis de la tarde comenzaba a sentir el frío. Dos mochilas y dos rutas para abarcar la mayor parte de la ciudad. La primera, por el centro. La segunda, por la zona de Garrido. La calle Toro, atestada de salmantinos. La mirada de todos los jóvenes, con miedo, aunque muy vigilante.

Acostumbrados a recorrer esta calle para ir de compras, tienen el primer encuentro con tres mujeres que están pidiendo en la céntrica vía. La alegría y la sonrisa es la emoción más contagiosa. Consigue romper las barreras del miedo y la incertidumbre. “En invierno nos viene muy bien esto que estáis haciendo”, agradece una de las mujeres a cada uno de los jóvenes a los que pregunta sus nombres. Noemí lleva la conversación ante el primer impacto con la realidad. “Sois muy jóvenes y esto que hacéis es muy bueno. Ojalá todos fueran así”, reconoce la receptora de esta ayuda, mientras que les emplaza a que continúen trabajando “cuando el frío se haga más grande”. Mientras servían las bebidas y ponían los bocadillos evitaron deslizar palabras pero que sí correspondieron con las sonrisas con la que habían roto la primera barrera. “Esperábamos que estuvieran alejados que no quisieran hablar y han sido ellas las que se han acercado”, explica una de las jóvenes, mientras recuerda cómo incluso con los nombres han sido capaces de bromear. Un corrillo en la calle Toro que no ha evitado las miradas extrañadas y los flashes intrusos que pensaban robar un momento único para los adolescentes.

El segundo encuentro se detiene en el Corrillo. La persona atendida primero es reticente. Dos segundos después recibe el caldo y anima a los jóvenes a sentarse junto a él. Recuerda sus años de juventud e incluso intenta cautivarles con que conoció a “Eric Clapton y Carlos Santana hace años”. La prueba de la confianza se va ganando, a pesar de que los jóvenes siguen tímidos y él más agradecido. “Hace un mes aprendí a tocar la armónica y ahora os dedico esta pieza”, relata en un gesto recíproco a los minutos que los jóvenes han agradecido escuchándole. Las miradas se cruzan. Sin bajar cabezas. Imposible, esa tarde. Una realidad hoy. La mirada a los ojos.

Agradecimiento, confianza, generosidad, impresión, amor, felicidad, diálogo y alegría son los sentimientos que los jóvenes experimentaron en su primera experiencia de voluntariado, según sus propias palabras. Tenemos una posición muy extrema con la gente que está en la calle y agradecen mucho la conversación”, explicó uno de los jóvenes que ya estaba apuntándose para participar el siguiente día. La primera vía del prejuicio se ha roto. “Cualquiera puede acabar en la calle, hay que preguntarse las razones”, señaló Ozcoidi a los pequeños. Que ya no sean invisibles y que las miradas no sean desconocidas se ha conseguido. “Habéis descubierto a la persona que se encuentra detrás del olor a alcohol, de la gente que solo se la conoce por su mala fama”, concluye la guía. Hoy ‘los invisibles’ vuelven a ser visibles para estos jóvenes.

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