Reflexiones

Trinidad

“La Trinidad resulta inaccesible, pero, al mismo tiempo, hay un camino que nos permite llenarnos de ella: despojarnos de nosotros mismos para que ella viva y actúe en nosotros.”

Al comienzo, más allá de lo que podemos entender,
allá esta el Verbo.
¡Oh tesoro tan rico, comienzo que engendra al comienzo!
¡Oh corazón del Padre
de donde con gloria tan grande
fluye sin cesar el Verbo. Así es.

De los dos nace un río, de fuego de amor,
del lugar de los dos, lugar común de los dos
brota el muy suave Espíritu,
igual en medida a los dos, inseparable.
Los tres son uno. ¿Cómo? ¿Tú lo sabes?
No lo sé. Sólo Él sabe lo que Él es.

El círculo que forman los tres es profundo y terrible,
ningún sentido logrará nunca captar sus límites:
reina allí un fondo sin fondo.
¡Fracaso y éxito, tiempo, formas y lugar se juntan!
Éste es un anillo maravilloso
del que todo está naciendo brotando
y donde todo es siempre inmóvil.

Ésta es la meta, es la montaña que se debe escalar
sin que la inteligencia actúe.
El camino te lleva al maravilloso desierto
extendido sin límites, a lo ancho, a lo largo.
El desierto no tiene ni espacio ni tiempo,
sino su propia manera de ser.

Este desierto es el Bien que no ha hollado ningún pie,
ni ha logrado alcanzarlo ningún sentido creado.
Es esto, pero nadie sabe qué es.
Está aquí y está allí, está lejos y está cerca,
es profundo y es alto,
de forma que no está ni aquí ni allí.

Ésta luz es la claridad y es la tiniebla,
carece de nombre, no puede ser conocida,
no tiene comienzo ni tiene fin.
Así mora de un modo apacible,
siempre desnudo, sin vestimenta.
Quien conozca su morada ¡qué suerte la suya!
podrá decirnos su forma.

¡Hazte como un niño, vuélvete sordo y ciego!
¡Que todo tu ser se vuelva nada,
que sobrepase todo ser y toda nada!
¡Deja todo lugar, deja el tiempo,
y deja también las imágenes!
Si vas por algún camino, sobre el sendero estrecho,
llegarás hasta las huellas del desierto.

¡Oh alma mía, sal de ti, oh Dios, entra!
Cubre con la sombra de Dios que es no-ser todo mi ser,
cúbreme con tu sombra en este río sin fondo.
Si me escapo de ti, tú vienes a mí.
Si yo me pierdo, yo te encuentro a ti
¡oh bien sobre-esencial!

(Maestro Eckhart)

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