Reflexiones

Jornada Mundial del Enfermo

Últimamente me pregunto por el sentido que tienen ciertas “celebraciones” que no hacen sino dejar en evidencia nuestro fracaso como sociedad y como humanidad. Es triste que tenga que existir aún una jornada mundial contra la pobreza, o un día mundial contra el hambre… porque es triste que, teniendo la posibilidad, no nos hayamos definido aún con claridad contra la desigualdad y la injusticia que generan pobreza y hambre en millones de personas.

La jornada de hoy sin embargo, tiene un tono distinto, porque la enfermedad, el límite, el deterioro de nuestro cuerpo es algo universal, que antes o después, en mayor o menos grado, nos llega a todos. Es una realidad presente y cotidiana al ser humano, que experimentamos si no en carne propia, en personas conocidas y próximas. Me gusta entender este día como una invitación a profundizar en los “cómo”. ¿Cómo vivo la enfermedad, el límite, el deterioro… mío, de los míos, de otros? ¿Cómo respondo a esta realidad que forma parte de lo humano, de nuestra fragilidad y vulnerabilidad como creaturas?. Hay una verdad que se nos descubre en el límite, que nos aterriza en el suelo con realismo, y al mismo tiempo nos abre a la trascendencia, a lo esencial. Hay un modo de ver la vida que solo después de haber atravesado la vulnerabilidad se descubre y reconfigura la existencia. Hay mucho que aprender de aquellos que se viven hoy entre la incertidumbre y el regalo de la vida.

Desde la fe, la referencia siempre es Jesús. Nacido en un pesebre, perseguido y exiliado en Egipto… sabía bien de qué hablaba cuando expuso la parábola del Buen Samaritano. Conocedor de sufrimientos, de límites, de dolor… toda su vida fue un pasar haciendo el bien, acogiendo, reconociendo la dignidad de cada persona, saliendo al encuentro. Él es maestro de humanidad y constante llamada a una solidaria fraternidad.

Hoy en el evangelio se nos dice que la gente llevaba ante Jesús a los enfermos. Es lo más sagrado, lo más importante, las personas, lo que llevamos en nuestra oración también ante el Señor. Y hoy a tantas y tantas personas que están viviendo de cerca la enfermedad y lo que conlleva el saberse vulnerable, limitado, dependiente, creatura. Muchas sois las personas que nos habéis pedido oraciones por intercesión de la Buena Madre, Enriqueta Aymer sscc. Ella supo confiar siempre en manos de Dios lo valioso, lo importante: su vida misma y la de su familia, el sufrimiento de la gente, la carestía que sufrían sus hermanas… Os agradecemos la confianza, el apoyo mutuo en la fe, y hoy os proponemos que presentemos juntos a Jesús, como hacía Enriqueta Aymer, a tanta gente enferma y sus necesidades. Presentar nombres y apellidos de los que conocemos; acordarnos también de tantos otros, aunque no les pongamos rostro. Unirnos solidariamente teniéndonos unos a otros presentes, sosteniéndonos con la fuerza de la oración, de las palabras y de los gestos, al estilo de Jesús.

“Id a Dios con confianza, que su Amor os sostengaE. Aymer sscc

Muchas gracias. ¡Feliz y solidaria jornada!

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