Profundizando SS.CC

Ojos que sí ven

Mirar, ojear, ver, cerrar los ojos, enfocar, echar un vistazo, observar, examinar, vislumbrar, CONTEMPLAR… ¿Qué hacemos con nuestros ojos?, ¿están vueltos sobre nosotros mismos o abiertos al mundo?

La realidad nos rodea con miles de detalles que pueden ocupar un espacio en nuestra vida si graduamos nuestra mirada, si contemplamos con detenimiento para vislumbrar al Dios que pasa por la realidad, porque pasar, pasa.

¿Queremos mirar? La realidad nos descoloca

Cuando comenzamos a mirar a nuestro alrededor nos vamos haciendo conscientes de aquello que vemos y vivimos. Hay muchos datos que aportamos a nuestra vida, sentimos y reflexionamos con ellos, nos vamos enriqueciendo en la medida en que nos abrimos. Las circunstancias de cada día, las personas con las que nos relacionamos, el trabajo, los estudios, actividades, compromisos, lo que leemos, las redes sociales… Mucha realidad, demasiada; una gran cantidad la podemos registrar con nuestros ojos, pero el corazón en ocasiones se resiste a hacer hueco a tanto, a lo que no comprendemos, a lo que nos coge lejos, al sufrimiento de otros, a la injusticia.

¿Quién nos enseña? La mirada de Jesús

Hacer que nuestra mirada se vuelva contemplativa requiere de un Maestro que nos ayude no sólo a mirar, sino a trazar una vía entre nuestros ojos y nuestro corazón: el corazón se nos irá enriqueciendo cuanto más abramos los ojos, los ojos ganarán visión gracias al corazón que se va empapando de las actitudes y sentimientos de Jesús. Él es el que nos enseña a mirar con cariño, con compasión, con tristeza y rabia ante la injusticia, con simpatía, con admiración. Mirándole a Él se transforma nuestro corazón y nuestra mirada a la realidad, en la realidad contemplada descubrimos su presencia. Es un movimiento de ida y vuelta, constante, ininterrumpido… y arriesgado, porque nos compromete.

¿Adónde nos dirigimos? Al corazón de Dios

Nos aventuramos a contemplar la realidad, nos dejamos guiar por la mirada que Jesús pone en ella y así iniciamos un camino que nos va conduciendo hacia el corazón de Dios, Aquel que da el sentido a nuestra vida y la lanza hacia el mundo para que vayamos haciendo posible su Reino. “Para contemplar a Dios miremos y aprendamos de Jesús y de María. De Jesús, a penetrar en los deseos del Padre, a sintonizar con sus sentimientos y, sobre todo, aprendamos de su capacidad de poner en manos de Dios todo lo que vivía o le acontecía. De María, su humildad si creemos que lo sabemos todo, que tenemos la solución de todo, que no necesitamos de Dios. Aprendamos de María la confianza en Dios.”

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