Navidad

Navidad… al revés

Estamos en Navidad, y el otro día me decía una chica (joven, y quizá por eso me impresionó más y me pareció tan lúcido):

“Creo que estamos perdiendo el sentido de lo que es la Navidad de verdad. Hoy, después del día de Nochebuena me he levantado como confundida, porque parece que es más importante que todo esté perfecto, que todo esté bonito, comprar, beber, salir y pasarlo bien, y me parece que nos olvidamos de lo que se celebra, y que allí todo fue al revés. Es raro.”

Y desde entonces me lleva rondando ese pensamiento, “allí todo fue al revés, y es raro”. Cuando contemplamos estos días el Belén, veremos una madre, un padre, un bebé risueño, una mula, un buey, y probablemente paja alrededor. Ni guirnaldas, ni luces, ni perfección, sino al revés, y ahí aconteció el milagro. En una familia que se quiere.

Hoy los nacimientos de un niño se preparan con cuidado, delicadeza, con algodones, con perfumes y flores, con buena compañía. Y está bien… ¡queremos que el bebé que llega esté lo mejor posible! Pero la cosa, es que Dios decidió encarnarse al revés, en un establo, entre animales, olor a campo y entre gente que no conocía a la pareja primeriza… ¡y también estuvo bien! Siento que esto nos quiere decir algo importante, y es que el Dios que celebramos nace especialmente en lo frágil, lo que parece que no es digno, que no “está bien”, lo imperfecto. Porque para Él, un establo es suficiente, y ahí se obra el milagro.

Creo que este puede ser el mejor regalo para disfrutar el año que comenzamos. Saber que Dios no espera que seamos perfectos, que tengamos nuestro corazón siempre a punto, que nos maquillemos, compremos el mejor vino y celebremos sin freno para recibirle. No, el regalo es saber que Dios quiere acompañarnos especialmente en lo frágil, lo que no siempre “huele bien”, en nuestros miedos, en el silencio y en lo oscuro de la noche cuando no vemos bien… ahí es donde Dios quiere habitar. Porque somos su establo, y un establo no es una mansión llena de luces y preciosa, sino un refugio humilde y real capaz de acoger y dar calor, porque tiene lo más importante, ganas de amar.

Que al terminar las fiestas estos días, cuando nos cambiemos nuestra ropa elegante y nos quedemos en zapatillas de casa, no nos olvidemos que Dios es así, sencillo, y que lo hace “al revés”.

 

Posts relacionados