Adoración SS.CC.

¿Te has parado alguna vez a pensar en qué es la adoración? ¿Te suena anticuado o está registrado en tu “vocabulario” de fe? La adoración tiene hoy mucho que aportar, implica la vida, el corazón, el seguimiento. Te invitamos a leer estos párrafos… Descúbrelo.

“La adoración toca profundamente mi vida de fe y mi vivencia del Evangelio. Es algo que considero muy importante y que no me pertenece, ni nos pertenece a unos pocos, sino que es patrimonio de la Iglesia y por tanto es menester que participéis de ello. De la misma manera que compartís nuestra misma misión en la difícil y hermosa tarea de la pastoral tenéis todo el derecho del mundo a participar del don carismático de la cercanía de Dios manifestada en la vivencia de adoración.”

La Adoración contemplativa nos unifica, integra y armoniza todas nuestras facetas. Implica darnos tiempo para ver y admirar, tiempo que no necesita de preguntas ni exige respuestas. No es tiempo de hablar con Dios sino de estar con Dios. Es tiempo de reconocer (mirar), sentir, saborear la presencia de Dios que actúa. Un Dios que si no me paro a conocerle y reconocerle me puede pasar inadvertido.

1. Reconocemos la grandeza de Dios y que somos criaturas suyas

En primer lugar, con humildad al ponernos delante de Dios, necesitamos reconocer y expresar que somos creaturas suyas. Nos sabemos receptores de la existencia que tenemos gracias a Él y nos brota gratitud, reconocimiento y admiración. Por esto, como Jesús, sometemos nuestra mirada, nuestra mente y nuestro corazón a Dios. Esta actitud nos lleva a quedarnos “embobados, pasmados” mirando a Dios.

2. Acercando nuestro corazón al corazón de Dios

Cuando nos acercamos al corazón de Dios vemos que sufre y se conmueve con la injusticia, el sufrimiento, el dolor de nuestro mundo. Él dio su vida por todos. Para ayudarnos a acercarnos al corazón de Jesús se nos invita a ponernos al lado del Corazón de María. Ella contempló al Señor en muchas circunstancias, es la “experta” en adoración gozosa y sufriente, guardando muchas cosas en su corazón… Dios se hace presente en las historias, en la historia, para quien contempla, penetra y taladra las capas superficiales de la realidad hasta llegar a captar el mensaje que esa realidad histórica tiene.

Para interceder tenemos que ensanchar nuestro corazón desde el ambiente en el que nos movemos para incluir más allá de nuestras preferencias y crecer en universalidad, en generosidad, renunciando a nuestros propios criterios y gustos para asumir los criterios y actitudes de Cristo que murió por todos. De tal manera que en nuestra oración de intercesión estén presentes las víctimas y los verdugos, los de cerca y los de lejos, el primer mundo y el tercero.

3. Fortalecidos en Él y enviados al mundo

Esta experiencia nos impulsa y envía a transformar el corazón humano, las relaciones entre los hombres y entre los pueblos desde el plan del Amor de Dios, y sólo lo podemos hacer pidiendo a Dios que nos enseñe, que nos dé un corazón semejante al suyo para poder ir cambiando el nuestro.

Tenemos confianza en que construimos Reino cuando amamos de verdad a quien es víctima del odio, la injusticia, el sinsentido, etc. Cuando amamos con los mismos sentimientos con los que amaba Cristo a los pequeños. Cristo tenía la seguridad de ser amado por el Padre y desde esa seguridad básica fue capaz de amar hasta arriesgar la vida por amor.

El ofrecimiento de la propia vida es la actitud de vida del adorador.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar